CONFLICTO CON MINERA LAS BAMBAS EN PERU: LAS CONSECUENCIAS DE MERCANTILIZAR LA POLITICA

CONFLICTO CON MINERA LAS BAMBAS EN PERU: LAS CONSECUENCIAS DE MERCANTILIZAR LA POLITICA

El conflicto alrededor del emprendimiento minero en Las Bambas sirve para alimentar el slogan de comunidades locales que se opondrían al progreso económico o el de grupos “antimineros” que “extorsionan”. Nada de eso es cierto, comenzando por el hecho que la comunidad había acordado esa actividad minera. Pero lo que sí es verdad es que allí se observan las contradicciones que resultan de reducir las políticas públicas y la gestión a simples cuestiones económicas. Este caso es observado a nivel internacional precisamente porque representa un extremo en intentar mercan-tilizar casi todo, una lógica que seguramente logró penetrar en las comunidades, mientras que las empresas y gobiernos que la impusieron, son tan tacaños que de todos modos no pueden evitar la conflictividad.

El proyecto minero de Las Bambas además de complejo y extendido territorialmente, tiene una larga historia (1). En la actual situación, partiendo de las tres posibles dinámicas que se observan en los conflictos extractivistas en América Latina, dos de ellos son muy evidentes en este caso. Por un lado están los enfocados en la gestión y administración del extractivismos, y por otro, están los que corresponden a la compensación o indemnización. Los primeros se refieren por ejemplo a cuáles son las tecnologías o los modos bajo los cuales se lleva adelante la minería; justamente eso expresan los reclamos frente a la carretera que usan los camiones de la minera, la forma por las cuales se tomó posesión de los predios, etc. Los segundos se centran en los montos de dinero a recibir como compensación o indemnización por un extractivismo; allí están las discusiones y denuncias de los dineros reclamados o exigidos.

 

 

Las Bambas muestra lo que sucede cuando esas disputas por los dineros para compensar o indemnizar pasan a dominar la escena. Es un fenómeno de mercantilización extrema, bajo la cual se insiste en que los extractivismos son sobre todo una cuestión económica, y las políticas públicas esencialmente deberían decidir cómo distribuir los beneficios o perjuicios económicos.

Esto no puede sorprender, ya que los que defienden la minería han insistido por décadas en que representa negocios millonarios, y creen que todo se reduce a distribuir algunos fondos con los gobiernos central, regional o municipal. Esa lógica entiende que los impactos sociales y ambientales pueden ser compensados o indemnizados con dinero. De modo muy esquemático dicen: te contamino, pero te pago.

Los conflictos por indemnizaciones o compensaciones son comunes en toda América Latina. De todos modos, un examen atento de esos casos muestra que las comunidades locales que hacen reclamos de ese tipo, igualmente tienen presentes otros problemas que se expresan en otras escalas de valores no-económicos, tales como la afectación de la calidad, la calidad del agua o la preservación de sus prácticas agrícolas y ganaderas. José de Echave ha alertado que en Las Bambas ocurre lo mismo (2).

Sin embargo, para muchos en el gobierno, las empresas, la prensa convencional o incluso la academia, lo único relevante se expresa en la valoración económica. Perú es uno de los casos extremos de esta deriva en América Latina, ya que tanto el Estado como casi todos los actores político partidarios han sido funcionales a esa mercantilización extrema.

Por eso Las Bambas es como un enorme experimento donde esa postura se ha radicalizado, hasta intentar anular los debates sobre gestión y administración de un emprendimiento para restringirse todavía más al campo de sumas y restas de billetes. Los problemas referidos a las evaluaciones ambientales o a la carretera y otra infraestructura parecería que desaparecen bajo las acusaciones de los reclamos de dinero y las supuestas extorsiones. Las empresas y los sucesivos gobiernos han debilitado otras dimensiones de las políticas públicas para insistir en ese campo mercantilizado. Todo esto tiene varias consecuencias.

Un primer efecto es que esas lógicas también penetran en las comunidades locales. Esto es entendible, ya que los comuneros han sido bombardeados por años con los mensajes de las fabulosas ganancias de la minería, y a la vez es ese tipo de argumentos que escuchan en las discusiones públicas que los rodean. Hay momentos en que ellos son forzados a expresarse en términos mercantiles ya que no les queda otra opción. Los interlocutores que están del otro lado de las mesas de negociación, los políticos y empresarios, no entienden ni escuchan otro lenguaje. Otras formas de valoración, como los valores culturales, territoriales o ecológicos de un sitio, quedan en suspenso o deben ser traducidos a dólares para que los políticos y empresarios limeños entiendan sobre qué se está hablando.

Todo esto no inocuo a nivel local, ya que sin duda hay casos de personas e incluso líderes que terminan pensando de ese mismo modo mercantilizado. Aunque muchas veces pasa desapercibido, entre las consecuencias más dolorosas de imponer esa perspectiva mercantilizada es que fuerzan un cambio cultural dentro de las comunidades.

En segundo lugar, invocar al Estado para resolver el conflicto de Las Bambas posiblemente no tenga mayores efectos. Es que casi todo el Estado peruano piensa en esa clave mercantilizada. Pero una vez más esta situación es extrema en Perú. Es que en los países vecinos, ante situaciones similares, los gobiernos o empresas brindan compensaciones directas en dinero o con sucedáneos. Por ejemplo, en Bolivia, el gobierno progresista de Evo Morales para llevar adelante sus planes petroleros y mineros regala camionetas, computadoras, edificios, etc., y de esa manera dividieron a varias organizaciones indígenas o campesinas.

Una tercera consecuencia es reconocer que cuando se insiste en que todo se debe resolver como indemnizaciones y compensaciones, se vuelve muy vidrioso denunciar “extorsiones” desde la comunidad local. Más allá de casos que la justicia puede y debe investigar, no se puede caer en las generalizaciones de etiquetar a cualquier reclamo en dinero como una extorsión. Si la conflictividad se plantea en un terreno mercantilizado, las comunidades (y sus líderes) no tienen otra opción que hacer reclamos en ese mismo “idioma” económico.

Finalmente, otra vez el caso peruano aparece como un extremo cuando se lo observa en clave latinoamericana. Es que su clase política y empresarial en su mayoría no sólo es obsesivamente mercantilizada, sino que además es tacaña. Insisten en que las disputas se deben resolver en el campo económico pero no están dispuestos a pagar por ello. Así se llega a una situación donde nadie gana, sino que todos pierden.

Notas

1. Como introducción se puede consultar a: Wiener Ramos, L.2018. Gobernanza y gobernabilidad: el caso Las Bambas, CooperAcción.
Leyva, A. 2019. Los continuos cambios del proyecto minero Las Bambas y la debilidad del sistema de evaluación de impacto ambiental. CooperAcción Opina, 20 marzo 2019. http://cooperaccion.org.pe/los-continuos-cambios-del-proyecto-minero-las-bambas-y-la-debilidad-del-sistema-de-evaluacion-de-impacto-ambiental/

2. José de Echave: cuando el Estado decidió que la carretera pase por Yavi Yavi debió expropiar o comprar las tierras. Entrevista de R. Ordoñez, Noticias SER, 27 marzo 2019, http://www.noticiasser.pe/entrevista/jose-de-echave-cuando-el-estado-decidio-que-la-carretera-pase-por-yavi-yavi-debio

Los conceptos sobre conflictos ambientales se explican en detalle en el libro “Extractivismos. Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la naturaleza”, publicado por RedGE y CooperAcción, Lima.

Publicado originalmente en Noticias SER de Perú, el 29 de marzo de 2019.

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