DEBATES EN URUGUAY: MUCHAS IMAGENES, ALGUNAS PREGUNTAS, POCAS PRECISIONES

DEBATES EN URUGUAY: MUCHAS IMAGENES, ALGUNAS PREGUNTAS, POCAS PRECISIONES

Artículo publicado en el semanario Voces (Montevideo), comentando y reflexionando sobre la marcha de la campaña interna dentro de la izquierda para elegir a su candidato presidencial.


LOS TEMAS CLAVES: MUCHAS IMÁGENES, ALGUNAS PREGUNTAS Y POCAS PRECISIONES

Eduardo Gudynas

astorimujicaSemanas atrás, al analizar la marcha de las elecciones internas, Esteban Valenti sostuvo que estamos enfrentando mucho más que una “simple batalla electoral”, y que se deberían discutir temas sustanciales, como la “visión del mundo y de la sociedad uruguaya” (Bitácora, 26 abril 2009). Aquellos dichos generaron diversas respuestas, y si bien algunas son interesantes (como la de Eduardo Bonomi en Brecha, 8 mayo), en general se cayó en defender al candidato propio y atacar veladamente al oponente.

En la actual campaña, se ofrecen muchas imágenes, alegorías y hasta metáforas sobre temas de gran importancia, pero es muy difícil encontrar precisiones. De alguna manera la advertencia de Valenti persiste, y los temas sustanciales son mencionados pero no analizados. Por lo tanto, en poco se profundiza en cuestiones centrales tales como el papel del Estado, el rol del trabajo o el manejo del capital, y por esa razón la advertencia de Valenti sigue siendo válida. Y como esas son cuestiones de enorme importancia merecen al menos un breve comentario.

Estado y capital

Es oportuno comenzar por analizar cuál es el papel que se le asigna al Estado en las propuestas dentro de la izquierda. El punto de partida de mi preocupación son las repetidas declaraciones de José Mujica defendiendo grandes empresas extranjeras, donde si bien aclara que pueden no ser “buenas” en sí mismas, logran una “buena” gestión social y ambiental por su interés en salvaguardar su imagen pública o en cumplir los estándares de calidad en sus países de origen. Estas y otras declaraciones son demostraciones de fe en un capitalismo benévolo, donde prevalece el papel positivo de los grandes inversores, por ejemplo generando empleo o salvaguardando su imagen publicitaria.

Bajo esa idea de capitalismo benévolo, el papel del Estado como regulador se encoge, y se vuelve casi irrelevante, en tanto se confía que los grandes inversores desarrollarán sus propios esquemas de responsabilidad social empresarial. Se debilita la importancia de contar con agencias estatales que regulen y controlen los emprendimientos privados, y se cae en un Estado funcional a las grandes inversiones. A su vez, desde el punto de vista ciudadano, como el Estado es permisivo, es más efectivo reclamar directamente frente a esas empresas. Incluso, hasta algunos ministerios caen en esa misma lógica, y esperan el apoyo de esas empresas (por ejemplo, reclamando donaciones para el centro de salud de la ciudad donde se asienta un megaproyecto).

De esta manera, la visualización de las agencias estatales como órganos independientes que aseguran nuestro bien común (por ejemplo, la salud pública, la educación o la calidad ambiental), también queda erosionada (¿cómo controlaría el Ministerio de Salud Pública la salud laboral en una empresa que le dona las ambulancias?). Estas situaciones son reales, y existen algunos ejemplos en Uruguay, y muchos más en otros países que han avanzado por el mismo camino, tales como Perú, Chile e incluso Argentina.

También se ha sostenido que las inversiones deben ser protegidas en tanto brindan trabajo y generan ingresos para el país. En esa línea, el mujiquismo ofrece imágenes que invocan una especie de trueque: se permitirían inversiones a cambio de ciertos puestos de trabajo, o se otorgan exoneraciones tributarias si aseguran buenas exportaciones. Es la imagen de “vos me das una inversión, yo te doy una exoneración”. Nunca queda claro si ese papel estará en manos de decisiones personales del presidente, de un ministro, o existirá un sistema de reglas claras, con sus mecanismos de asignación y evaluación. De nuevo estamos en la penumbra ya que carecemos de precisiones, documentos o programas.

Frente a esas ideas inmediatamente surgen muchas preguntas: ¿en realidad se acepta un capitalismo benévolo o son imágenes de una campaña publicitaria? Para aclarar puntos como esos es indispensable contar con mayores precisiones sobre cómo entender al Estado, el capital y al propio país. Pero ese es justamente uno de los problemas de la actual campaña: esas precisiones son difíciles de encontrar. En el ejemplo que venimos tratando, se puede retrucar que desde el  mujiquismo se ha insistido en una fuerte intervención estatal, pero me adelanto a advertir que una parte de ese protagonismo es funcional a esa visión del “capitalismo benévolo”. Las dudas persisten.

En el caso del astorismo, podría asumirse que se seguirá la práctica del actual gobierno. El camino propuesto tiene algunas diferencias sustanciales, aunque se llega a un destino muy similar. En efecto, parecería que se defiende un Estado más acotado, que se concentra en aplicar regulaciones sin duda relevantes en algunas dimensiones (especialmente salarios y derechos laborales), pero que busca facilitar los flujos de capital, sin intentar intervenir mucho en otras áreas.

El propio Estado busca atraer inversiones, y para ello ofrece varios beneficios. En este caso, el proceso es más tecnocrático y menos voluntarista; técnicos y algunos políticos evalúan las inversiones, y otorgan o rechazan permisos, exoneraciones y otros apoyos. Ese análisis es esencialmente económico y financiero, y como se entiende que Uruguay compite contra otros países en captar esas inversiones, se presentan como inevitables los “sacrificios” fiscales para atraerlos.

De nuevo muchas preguntas no encuentran fácil respuesta. ¿Cuáles son los criterios por los cuáles se deben otorgar esos beneficios? ¿Porqué dar exoneraciones tributarias a grandes empresas multinacionales? ¿Cómo se realiza el seguimiento de esos emprendimentos? Aquí están en juego posturas sobre el papel del Estado y el capital, nunca del todo explicitadas y que deben inferirse de las prácticas de gobierno.

La cuestión aquí no es una crítica a las inversiones extranjeras, sino poner en evidencia que frente a ella, así como a los otros temas mencionados arriba, la campaña se mueve en generalidades sin precisarse los fundamentos conceptuales, y sin contar con un debate de ideas vigoroso.

El Estado y las políticas sociales

En el campo de las políticas sociales surgen problemas similares. El gobierno progresista aplicó una serie de medidas, entre ellas asistencias financieras focalizadas, que fueron exitosas especialmente en el segmento de extrema pobreza, e intenta generar vías de salida para esa situación. La cuestión ahora es analizar cómo seguir hacia el futuro.

Aquellos planes disfrutaron de los recursos derramados bajo la reciente bonanza exportadora, y esa condición favorable mantuvo oculta una tensión esencial que debería ser analizada. En efecto, el alto crecimiento económico permitió captar parte de los recursos generados por una estrategia dependiente de la exportación de recursos naturales (especialmente agropecuarios), y esos beneficios en parte se orientaron a amortiguar socialmente los impactos de ese mismo estilo de desarrollo. La tensión que debería analizarse es que se sigue una estrategia bajo la cual se deben usar parte de los excedentes que genera para lidiar con sus propios impactos negativos. ¿No sería más sensato pensar en otra senda de desarrollo?

Veamos un ejemplo. La apuesta a las exportaciones de recursos naturales, como el monocultivo de soja o las plantaciones forestales, esencialmente transnacionalizadas, generan muchos impactos negativos, especialmente desplazamiento de pequeños productores rurales y deterioro de los recursos naturales. Frente a esa situación, sin duda el mujiquismo exhibe una profunda sensibilidad social, montando sus propios programas de ayuda y asistencia a los pequeños productores rurales (algo así como un MIDES rural).

Pero de todos modos la tensión está presente: la estrategia de desarrollo agroindustrial desencadena enormes impactos. El Estado queda envuelto en una situación paradojal, ya que permite el despliegue de esa estrategia, y capta parte de la riqueza que genera para amortiguar algunos de sus impactos. Por lo tanto sería interesante que en esta campaña los candidatos discutieran si el Estado debería contentarse con ese papel, o en cambio debería desplegar acciones concretas y efectivas para romper ese círculo vicioso. ¿Las políticas sociales deben centrarse en instrumentos focalizados, con transferencias en dinero, o es necesario ampliar el abanico de opciones posibles? ¿Es posible abordar las políticas sociales sin un debate sobre el desarrollo nacional?

Ser como Lula

Una de las imágenes que aparece en la campaña es invocar la imagen del presidente de Brasil, Lula da Silva, como ejemplo a seguir. Pero aquí de nuevo se vuelve al terreno de las dudas. ¿Cuál Lula sería el modelo?

Hay un Lula que fortaleció una política industrial nacional, especialmente basada en la metalurgia y automóviles, pero hay otro que profundizó el modelo agroexportador concentrado en pocas empresas, de alto impacto social y ambiental. Hay un Lula que logró un enorme carisma popular y generó gobernabilidad; pero hay otro que selló la alianza de su Partido de los Trabajadores con los partidos de centro-derecha y derecha (traduciéndolo a términos uruguayos, sería algo así como una alianza entre el Frente Amplio y el lacallismo y la lista 15). Hay un Lula que apoyó a la agricultura familiar, con un ministerio activo en ese ramo y otorgándole apoyos por casi 6 mil millones de dólares; pero hay otro que le brinda más de cinco veces esos dineros a la agroindustria exportadora. También hay un Lula que se comprometió a fortalecer su partido, el PT, pero que hasta último momento minimizó los casos de corrupción que alcanzaron a algunos de sus principales dirigentes.

El gobierno Lula exhibe muchos procesos contradictorios y heterogéneos. Por lo tanto, ponerlo como un ejemplo para la izquierda uruguaya puede tener muchos significados, como muy pocos, y no necesariamente brinda respuestas para nuestros propios problemas.

Los nuevos temas de la nueva izquierda

En los últimos años se han sumado a los temas clásicos de a izquierda, otros nuevos, como las  cuestiones de género y la protección del ambiente. En ese terreno, en la actual campaña, las ideas siguen siendo inciertas o contradictorias.

Hay muchas cuentas pendientes sobre el tema género, y hay posturas que deberían ser aclaradas. Todavía se recuerdan las declaraciones de Lucía Topolansky, afirmando que lo primero es que la “gente viva con dignidad, después podemos especular con otras cosas que son mucho más intelectuales” como la transversalidad de género, una cuestión que consideró propia del Primer Mundo y no del nuestro (Brecha, 2 junio 2006).

En cuanto a los contenidos ambientales, también se recuerdan otras declaraciones, en ese caso desde el astorismo, donde el Arq Jaime Igorra desde la subsecretaría del ambiente dejó en claro más de una vez que la prioridad estaba en las inversiones.

Presentar como elemento clave ambiental quemar la basura (como aparece entre las 30 medidas de gobierno presentadas por Astori) es, con suerte, una postura minimalista que nos deja sin propuesta frente a las demás urgencias ecológicas nacionales.

Por lo tanto, los temas de lo que podría llamarse la “nueva izquierda” están maltrechos, y se multiplican las dudas. Nadie puede retrucar con seriedad que los reclamos por los derechos de la mujer o la protección del ambiente sean una expresión conservadora o de derecha. Por esa razón, esta falta de avances sustantivos y de propuestas más precisas genera desazón entre muchos.

Debates, cambios y liderazgos

La falta de precisiones sobre las cuestiones sustanciales de siempre, y el limitado papel asignado a nuevos temas, genera el riesgo de perder una de las particularidades propias de la izquierda: postular nuevas visiones de desarrollo, desplegar una mirada innovadora y fresca, detectando aquellas cuestiones que permanecían ocultas pero que revestían enorme importancia política, social o económica.

Posiblemente muchos lectores podrán rebatir algunos de los puntos de más arriba, encontrando alguna declaración de uno u otro candidato que sirva para llenar un hueco. Como sostenía Hoenir Sarthou en este mismo semanario semanas atrás, todo se vuelve relativo, ya que los discursos de “Astori y de Mujica, y los de sus seguidores, aparecen llenos de matices, de ‘haremos tal cosa sin descuidar esta otra’ ” (Voces, 7 mayo). Pero eso es justamente parte de los problemas que se tratan en estas líneas: se pierden las especificidades, las ideas aparecen esbozadas a medias, y el debate queda ensimismado en muchas cuestiones superficiales, como la vestimenta de los candidatos o si habla inglés.

De esta manera, en este artículo se plantean preguntas, y para muchas de ellas no tengo respuestas precisas. Por eso sería muy importante que fuesen abordadas en esta campaña. Necesitamos más preguntas sustanciales, y muchas más respuestas precisas. Pero en lugar de postular ideas claras y precisas como motor de cambio, parecería desarrollarse una dinámica inversa, donde se generan varios discursos adaptados a los diferentes segmentos de público para captar su voto. Ante eso, se extraña aquella frescura en atacar los temas trascendentes, sin miedo y con claridad. Se añora aquella capacidad en imaginar otro desarrollo para el país, e incluso otro país, y desde allí nutrir liderazgos para el cambio.


Publicado en el semanario Voces, 18 de junio 2009, pp 10-11. En la foto los dos principales precandidatos en la izquierda uruguay (Frente Amplio): Danilo Astori (izquierda) y José “Pepe” Mujica (derecha).

2 Comentarios en "DEBATES EN URUGUAY: MUCHAS IMAGENES, ALGUNAS PREGUNTAS, POCAS PRECISIONES"

  1. Rosario  18/06/2009 at 16:22

    Me parece muy bueno el artículo, hace falta más discusión y menos charlatanería en este país.
    Ojalá los políticos retomaran estos caminos y generaran un debate sincero y realmente trabajaran para construir un Uruguay mejor.

  2. el apereá  21/06/2009 at 23:24

    El tema es que estamos en época de campaña electoral, por lo tanto es de esperar que no se pongan de acuerdo y que tengan dos visiones diferentes, como por ejemplo a el papel que debe jugar el Estado. Pero esto hace que por querer diferenciarse del otro, los discursos terminan siempre en que “el otro es peor que yo” y en temas banales, y no en una puesta en comun de ideas para llegar a un concenso, no hay planificaciones a largo plazo y cada gobierno de turno “pasa la goma” y comienza de nuevo….donde está el feedback!!!

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