La crisis económica global que estalló en 2008 tiene muchas facetas, que directa e indirectamente, están relacionadas con el desarrollo sostenible. Entre las discusiones más recientes me ha llamado la atención que algunos apuntaran a la “resiliencia”. Incluso se la ha presentado como un nuevo paradigma frente a la crisis, ya que el desarrollo sostenible no es capaz de lidiar con la debacle presente donde los “medios de vida” cambian abruptamente de un día para otro –es lo que dice Jamais Cascio, un “futurólogo ambientalista” en el próximo número de la prestigiosa revista en relaciones internacionales Foreign Policy (Mayo/Junio 09 – leer…).

tn_resortesCascio considera que debemos enfrentar un ambiente y una civilización que sea capaz de manejar cambios inesperados sin temor de colapsar. A su juicio esa tarea no puede estar en manos del desarrollo sostenible, y por lo tanto propone como paradigma alternativo a la “resiliencia”. Esta seguraría, según ese autor, una postura regenerativa y diversa, con la capacidad no sólo de absorber impactos (como la crisis financiera actual), sino también de evolucionar con ellos.

El problema de esa posición es que se parte de una visión reduccionista del desarrollo sostenible, y que en buena medida está equivocada. En efecto, afirma que la sustentabilidad es estática y nos dice “lo que necesitamos para vivir dentro de nuestros medios, sean económicos, ecológicos o políticos”.

En primer lugar es necesario recordar que el desarrollo sostenible es en realidad un conjunto de corrientes y propuestas, que van desde un extremo tímido (de tipo reformista), a una posiciones más radicales (comprometidas con el biocentrismo) (esas posturas se describen en el cap. 3 de mi libro sobre desarrollo sostenible – descargable aquí).

Ninguna de ellas, ni siquiera la más tímida, es estática, rechaza el cambio, o puede ser reducida a la idea de “vivir con nuestros propios medios”. Esas diferentes corrientes apuntan a vivir con los medios que otorga la Naturaleza y dentro de sus límites. Incluso la postura más tradicional, heredera del reporte Brundtland, claramente reconoce que los aspectos económicos o políticos se pueden manejar socialmente, pero eso no es posible para los límites ecológicos, ya que debemos adaptarnos a ellos, y desde un imperativo ético de proteger la base de biodiversidad.

Consecuentemente la sustentabilidad no puede ser considerada como estática, ya que siempre se debe adaptar y articular con las particularidades, fluctuaciones y ritmos de cada ambiente y cada sociedad. Nada en la sustentabilidad impide que se lidie con los riesgos; aún más: las posturas de sustentabilidad fuerte y superfuerte insisten en la incertidumbre y el manejo de los riesgos.

La cuestión de la resiliencia encierra a su vez, diversas concepciones y definiciones, unas dentro de la ecología (más información aquí; un ejemplo aquí), y otras, más recientes, al expandirse bajo algunos usos a otros campos (aquí un ejemplo)

El camino de la resiliencia presentado por Cascio es el de la construcción y generación de ecosistemas por el ser humano. Esto se parece mucho a un regreso a un diseño “inteligente” de la Naturaleza. Las diferencias entre lo silvestre y lo antropizado desaparecen, y el ser humano es el que guiará, por medio de la “estrategia y el diseño” la forma en que se crean los ecosistemas. La resiliencia, en su formato convencional, otorga un paso análogo a los componentes humanos y ecológicos, cuando en realidad son muy distintos, y nuestras capacidades de gestión también son diferentes en cada caso. Todo esto es regresar a las viejas posiciones donde no es posible defender diferencias esenciales entre una hectárea de selva amazónica y un acre en el parque Disney de Orlando.

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