UNA IZQUIERDA COMPLEJA

UNA IZQUIERDA COMPLEJA

Desde muy diversos frentes, y en varios países, se viene debatiendo cuáles deben ser los énfasis, perspectivas y contenidos de una nueva izquierda. La experiencia de los gobiernos progresistas ha arrojado varios balances, donde más allá de las apreciaciones sobre los aciertos o los errores, parece emerger un consenso sobre la necesidad de renovar la izquierda. No son pocos los elementos de esa discusión que merecen una urgente atención en Uruguay, y si bien no es posible examinarlos todos al menos se intentarán comentar algunos de ellos en un artículo pblicado en el semanario Voces.

Estrategias de desarrollo

La nueva izquierda retoma las discusiones sobre las estrategias de desarrollo. Las experiencias de los gobiernos progresistas han demostrado que se ha intentado dar otro protagonismo al Estado y enfrentar con mayor energía la lucha contra la pobreza. Pero a la vez se ha mantenido la esencia de esos estilos de desarrollo, basados en procesar materias primas, con una inserción internacional subordinada de nuestros países, en buena medida transnacionalizado, y con altos costos sociales y ambientales. En casi todos los países persiste el papel de proveedores de materias primas, movidos bajo los vaivenes de las alzas y bajas en los precios internacionales de los commodities, y la insistencia (a veces obsesiva) con atraer inversión extranjera.

La nueva izquierda insiste en la complejidad de esta cuestión, en diagnosticarla de un modo más preciso y en buscar alternativas. Se llama la atención en que estos estilos que dependen de los recursos naturales ocultan o minimizan sus efectos externos sociales y ambientales; las ganancias se privatizan pero sus impactos se socializan. En la estructura productiva sigue teniendo una enorme importancia sectores como la minería o agropecuaria, los que en realidad responden a formas de apropiación de los recursos de la Naturaleza. Este tipo de formulaciones parecen sencillas, y casi todo el mundo estará de acuerdo con ellas, pero a pesar de esos se repiten las resistencias a minimizar esa cara ecológica de nuestras economías. Si el lector tiene alguna duda sobre las dificultades para asumir esa condición en Uruguay, basta repasar el manual para entender la economía nacional editado por CINVE y observar la pequeña relevancia que se le ha dado a la base material de nuestra economía.

Políticas sociales y desarrollo

La nueva izquierda quiere examinar con mayor detalle la forma bajo la cual se conceptualizan y estructuran las políticas sociales. Sin duda los gobiernos progresistas acertadamente han dado un nuevo protagonismo al Estado y reconocen la necesidad de combatir la pobreza (en lugar de ocultarla o minimizarla). Desde esa perspectiva se mantienen muy diversos programas de asistencia social, y que han tenido éxito a veces en reducir los efectos más agudos de la marginazación y aliviar la situación de muchas familiar (como ocurrió en Uruguay).

Pero la nueva izquierda alerta sobre la necesidad de analizar con más detalle esos programas sociales para que además de mitigar los efectos de la pobreza, se articulen con otras estrategias de desarrollo que generen alternativas de educación, empleo y producción, que eviten la reproducción de esas desigualdades. Es un desacierto transitar el camino de programas de asistencia perpetuos, sino que éstos deben ser parte de un proceso de transformación. Por lo tanto, la forma actual de esos programas que en casi todos los casos son ayudas focalizadas medidas por pagos de dinero bajo ciertos requerimientos, debe ser examinado. Es que ese recorrido tiene una cara perversa donde los paquetes de asistencia social terminan siendo mecanismos de compensación focalizados de los impactos de los estilos de desarrollo que mantienen los gobiernos progresistas.

En otras palabras,  se mantiene un estilo de desarrollo donde si bien los Estados captan más recursos y actúan con mayor profundidad, terminan con programas sociales que compensan y amortiguan los impactos de esas mismas estrategias de desarrollo. Por lo tanto, cualquier discusión sobre las políticas sociales debe darse la mano con un debate sobre los estilos de desarrollo y la forma de relacionarse con el mundo. Y esta tarea es más urgente en Uruguay, donde siguen prevaleciendo las exportaciones agroalimentarias, y se presenta como horizonte alternativo vender más productos forestales o celulosa.

Participación

La mirada compleja sobre la izquierda también requiere renovar las consideraciones alrededor de la participación. En los países vecinos, la propuesta progresista de participación popular ha encontrado algunos límites. Unos se deben a un cierto “cansancio” o “agotamiento” ciudadano, donde las personas abandonan los foros participativos debido a que consideran que las principales tareas están encaminadas, o se desilusionan por su incapacidad de incidir realmente en las decisiones del Estado. Se asisten a reuniones, días tras días, pero finalmente las decisiones finales quedan en manos de burócratas estatales o un pequeño buró político.

Otras limitaciones resultan de las propias trabas efectivas impuestas desde los gobiernos progresistas. Si bien en casi todos los casos, estos gobiernos han generado nuevas instancias de participación, como comisiones mixtas o foros consultivos, en muchos se confunde participación con formas de información, no se generan procesos sino que se repiten talleres desconectados, sin obligaciones vinculantes.

Horizontes de cambio

Estos ejemplos, apenas esbozados, demuestran que desde una nueva izquierda se insiste en que los problemas son bastante más complejos de lo que se asume usualmente, y no puede postularse un programa de transformación con las categorías y mecanismos heredados de la política del siglo pasado. Los programas de la izquierda de siglo pasado son muy importantes, e indispensables para el futuro, pero ya no son suficientes. Hay muchas nuevas cuestiones que deben ser incorporadas, y no pueden seguir siendo ignoradas. La nueva izquierda también insiste en renovar ese entusiasmo sobre la posibilidad del cambio, sobre la discusión de horizontes de transformación y de nuevas miradas de participación ciudadana.

La problemática actual es que el debate electoral comienza a derivar hacia la simplificación, y la posibilidad de esa mirada compleja se deshilacha. La izquierda no debería presentarse sosteniendo una y otra vez que los candidatos opositores son peores, y que el pasado que esos opositores representan es peor, y poco más que eso. Esa insistencia desemboca en buscar adhesiones desde el desencanto, donde muchos votarán por el progresismo no desde la ilusión del cambio, sino por que el “otro es peor”. Habría que remontar esa actitud que sostiene que “antes que votar a ese otro que es peor, me resigno a votar esta izquierda…”.

En cambio, el futuro del país requiere una mirada más detallada, más rigurosa con las complejidades donde se recuperen las alternativas. El progresismo siempre avanzó mucho más desde el espacio y la actitud con las esperanzas de cambio. Se avanzó apelando a la ilusión del futuro, antes que ondear los temores del pasado.

Publicado en el Semanario Voces, Montevideo, 6 agosto 2009.

2 Comentarios en "UNA IZQUIERDA COMPLEJA"

  1. Ana Laura  18/09/2009 at 11:16

    Muy interesante el artículo.
    Muestra como el discurso del “progreso” no funciona y como a la hora de gobernar la izquierda pierde en gran parte su identidad política.

  2. rosana rodriguez  23/09/2009 at 00:47

    Muy interesante, sobre todo en los tiempos electorales que transitamos. Sería bueno publicarlo en facebook ya que todo se difunde rapidamente

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