LA CRISIS DEL ITT YASUNI MIRADA DESDE AFUERA

LA CRISIS DEL ITT YASUNI MIRADA DESDE AFUERA

¿Cómo se interpreta en el exterior el debate sobre la moratoria petrolera en el ITT o la renuncia de Fander Falconí a la cancillería? Dando unos pasos más allá del debate que tiene lugar dentro de Ecuador, el seguimiento internacional del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES) deja en claro que el tema llegó a los más apartados rincones del planeta, despertando preocupación y reacciones variadas, con un balance negativo. En las líneas que siguen se comentan algunos aspectos claves; una versión más reducida de estos comentarios fue publicada por el periódico El Comercio de Ecuador el 4 de febrero 2010.

Mientras el Wall Street Journal subrayó los dichos presidenciales de pasar a la explotación del petróleo si el plan de conservación fracasaba, el New York Times recordó su crítica a los países dispuestos a donar dinero para proteger el Yasuní. Las agencias de noticias propalaron los detalles del debate, y asombra encontrarlos tanto en espacios clave, como por ejemplo en la agencia china de informaciones, pero también en apartados rincones, como es el caso del muy africano Ethiopian Review, o la web de la FM Brunei, en el sudeste asiático.

PorYasuniITT lo tanto, en primer lugar debe quedar en claro que en este mundo globalizado, el debate ecuatoriano sobre el ITT se ha difundido por todo el planeta. Aquellos que creen que fue una mera discusión doméstica, donde los calificativos y denuncias no trascenderían, se equivocan.

En segundo lugar, para bien o para mal, las advertencias presidenciales sobre el papel del PNUD se suman a otras embestidas contra el sistema de Naciones Unidas, y terminan debilitando el entramado que sostiene la Convención sobre el Cambio Climático. Pocas semanas atrás, por ejemplo, la conservadora FoxNews en los Estados Unidos también criticaba a la ONU, denunciando un supuesto complot para establecer un organismo ambiental global. Esta es una bizarra coincidencia que poco ayuda.

En tercer lugar, el llamado a que los donantes pusieran sus dineros en sus orejas, es justamente el color y sensacionalismo que aprovechan los medios para vestir sus notas. Pero sus consecuencias son serias, no sólo por la crítica a los países que estaban dispuestos a ayudar a Ecuador, sino por echar por tierra la novedad del mecanismo propuesto. En efecto, a lo largo de varios meses de reflexión se fue pasando de posturas clásicas de una “compensación” a otra, muy novedosa, de “responsabilidad compartida” y solidaridad con una medida ambiental.

Le sigue una cuarta dificultad: parecería que ahora se regresa a demandar una “compensación”. Esto es un callejón sin salida, ya que Ecuador no tiene muchas chances de pedir por algo que su propia legislación y constitución le obliga a hacer (asegurar la protección de su biodversidad, y en especial aquella dentro de sus áreas protegidas). Sería como esperar una “compensación” internacional por mandar los niños a la escuela o cuidar los enfermos en los hospitales. Esa postura convencería a muy pocos.

La novedad en la propuesta ITT apuntaba en otro sentido, apelando a la idea de una responsabilidad compartida entre varias naciones, y el apoyo multilateral a un fondo ambiental. Su cristalización requiere no sólo del concurso ecuatoriano, sino también que dentro de los países industrializados se debía convencer que mucha gente abandonara viejas ideas. Por lo tanto, había mucho en juego tanto en el sur como en el norte. Lastimosamente, esta novedad quedó seriamente dañada, y será más difícil no sólo que el país la retome, sino también que otras naciones exploren un camino similar.

En las discusiones internacionales emerge un quinto aspecto: la credibilidad dañada. La Comisión sobre la iniciativa Yasuní siempre reconoció que era indispensable construir un sentido de confianza, que fuera más allá de los gobiernos de turno. La cancillería, bajo la guía seria, sobria y perseverante de Fander Falconí, trabajó para generar una imagen de actor internacional responsable y confiable.

Lastimosamente todo eso se derrumbó. Y como todos saben, en los medios internacionales se tiende a generalizar y caricaturizar, y cuando algo sale mal en un país, no falta quienes lo interpretan como incapacidades de toda América Latina. Se ha debilitado todavía más la idea que los latinoamericanos puedan presentar un nuevo mecanismo de cooperación internacional, y muchos diplomáticos en las capitales del norte vuelven a insistir en que ellos, y solo ellos, pueden ofrecer novedades con seriedad.

Por estos y otros motivos, a nivel internacional, la propuesta de moratoria petrolera en el ITT ha quedado debilitada, no por la oposición externa, sino desde el mismo vértice presidencial. Se ha golpeado no sólo la esencia de esa idea como mecanismo ambiental multilateral, sino también la credibilidad ecuatoriana y las posibilidades que otros presenten ideas similares. Y lo más triste es que esto se da en tiempos en que escasean las ideas innovadoras en las negociaciones globales en ambiente y desarrollo, pero sobra la mezquindad. Sería una verdadera lástima que esta propuesta, repleta de originalidad y surgida desde el sur, se hunda en ese pantano. Para rescatarla, el presidente Correa deberá remontar estos problemas, ya que en buena medida él mismo los ha desencadenado. Muchos ojos miran hacia Quito deseando que esto sea posible.

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